Por Florencia Arias y Jazmín Román
En vistas a las próximas elecciones, el candidato a presidente por el Frente Popular, Eduardo Duhalde, que resultó tercero en las elecciones primarias, tiene la difícil tarea de conquistar al 38 por ciento de los votos para alcanzar a Cristina Fernández de Kirchner.
Desde un principio, su principal apuesta fue intentar polarizar los comicios con la Presidenta por encima de cualquier otra propuesta opositora. “Mis rivales no son ni Ricardo Alfonsín ni Hermes Binner ni ningún otro”, confesó en una conferencia de prensa el ex presidente.
El significado de Duhalde puede es doble, dicen sus ideólogos. Por un lado, se busca destacar la capacidad de la gestión del bonaerense. Por otro, demostrar que es el único candidato con un liderazgo inigualable, capaz de enfrentarse y derrotar al Gobierno vigente.
“La sociedad quiere un presidente que pueda erradicar la inseguridad, que tenga los recursos necesarios y que sepa gobernar. En el Frente Popular creemos que Duhalde es el que mejor representa todo eso”, asegura Eduardo Amadeo, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Luego de los resultados de las elecciones primarias, la estrategia del equipo de campaña coordinado por el semiólogo Eliseo Verón tomó otro rumbo. El candidato recorrió el país de punta a punta con un discurso dirigido al campo y a los sectores medios. La campaña teñida de colores llamativos, como el fucsia y el verde manzana, dedicó buena parte a realzar la experiencia del ex presidente en la Casa Rosada y en otros cargos. Buscó dar confiabilidad y contraponer su gestión con la actual.
“A todos quiero decirles, que sé lo que hay que hacer y voy a hacerlo uniendo a todos los argentinos”, enfatiza el candidato presidencial en cada uno de los spots publicitarios. Construir un gobierno patriótico de unidad nacional parece ser la tarea primordial en su agenda.
Otra de las maniobras fue la denuncia realizada la misma noche del 14 de agosto, que aseguraba que en más del 40 por ciento del total de las mesas existieron problemas: falsedad ideológica, faltante de boletas, lo que también denunciaron otros partidos, y un importante fraude informático. A partir de la acusación, que nunca fue probada, el Frente Popular creó un esquema de fiscalización, con la idea de sumar más cantidad de fiscales de mesa para los próximos comicios.
La ecuación Duhalde mas Das Neves = más Argentina, planteada en las propagandas electorales del canal del Frente Popular en el sitio Youtube, refleja los momentos más apasionantes del candidato a presidente y del actual gobernador de Chubut, el segundo hombre de esta fórmula.
“Se habla de los errores, pero nunca de lo positivo. A través de este corto buscamos que nadie se olvide de las puertas que abrió Duhalde hacia el crecimiento, como la gran crisis de la que logró sacarnos”, comenta Santiago Vázquez, jefe de medios de la agencia de publicidad Kon-Tacto e integrante del equipo de campaña publicitaria on-line del aspirante.
Pero Duhalde debe sobreponerse al sabor amargo de aquel 26 de junio de 2002, cuando policías bonaerenses mataron a sangre fría a los militantes piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
Los asesinatos se produjeron en medio de una puja interna del Partido Justicialista, que tenía dos líneas: una pedía represión para el movimiento piquetero y otra planteaba la vía de negociación. El entonces mandatario debió dar marcha atrás con la intervención de los militares en seguridad interior y el gobierno se vió obligado a adelantar las elecciones. A la par de ello, muchas teorías conspirativas giraban en torno al caso. Los familiares de las víctimas y vecinos indignados lanzaron un interrogante, que hasta el día de hoy persigue al postulante: “¿No era que la sangre derramada no se negociaba?”.
El mismo hombre de la campaña electoral que hoy asegura salvará a la Argentina del caos y de la desorganización, es el mismo que ayer se vio obligado a retirarse antes de lo previsto de un gobierno de transición. Y la pregunta que hoy sobrevuela en una sociedad a pocos días de tomar la sentencia final es: ¿se puede volver a confiar en él y darle una segunda oportunidad?
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