
Por Eliana Carrubba
Para los trotskistas (que están en contra del criterio de consolidar el comunismo en un solo país) y la izquierda internacionalista, ser judío no es distinto a ser blanco, negro, toba, paraguayo, chileno, ruso, cubano, ni de ninguna región de la tierra. No distinguen razas, religiones, ni fronteras. Sostienen que los seres humanos son todos iguales, pero sí distinguen y combaten a los explotadores y a sus agentes, aparatos y burócratas.
José Saúl Wermus, más conocido como Jorge Altamira, es un político argentino nacido en 1942 en una familia judía de activistas del gremio gráfico, y es trotskista.
Altamira militó desde que tiene memoria, ya que creció en un ambiente muy politizado. Sus padres, ambos peronistas, lo introdujeron en esa rama desde muy joven al permitirle participar en huelgas obreras. Por eso se declara un apasionado por la política.
Fanático en su juventud de la rayuela, la bolita y el fútbol, Altamira cursó el ciclo secundario en el Colegio Comercial Hipólito Vieytes, y luego la carrera de Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires, de la que no se graduó. Durante este período fue delegado de la Federación Universitaria Argentina. A partir de ese momento empezó a dedicarse por entero a su pasión.
En 1964 fundó la revista Política Obrera, que luego se convertiría en la agrupación Partido Política Obrera de la que él fue fundador, pero el partido fue disuelto en 1976 al tomar el poder la trágica dictadura militar.
Durante este gobierno, el militante escribió para un diario brasilero bajo el pseudónimo Jorge Altamira para no ser asesinado, pero al poco tiempo debió exiliarse a Brasil, ya que había sido identificado.
En esos años se destacó por llamar a los grupos foquistas (integrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo y los Montoneros) a no tomar cuarteles ni entrar en enfrentamientos, sino a recuperar la dirección de los sindicatos en manos de la burocracia sindical peronista colaboracionista de la dictadura, e impulsar una huelga general. Finalmente en 1982, con el regreso de la democracia al país, el político pudo fundar el Partido Obrero (PO).
Durante la guerra de las Malvinas llamó a los militares a dar armas al pueblo, retirarse de las islas y expropiar todos los bienes de Inglaterra. En 1989 fue candidato a presidente por el PO y seis años más tarde encabezó la fórmula presidencial del mismo y fue primer candidato a diputado por Buenos Aires.
En 2000 fue electo legislador de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que desempeñó por cuatro años. A partir de allí, tuvo la iniciativa de varias leyes en favor de la clase obrera y participó en la fundación del Partido de los Trabajadores, que llevó a Luiz Inácio "Lula" Da Silva a la presidencia de Brasil.
Hincha fanático del club Huracán y admirador del ex futbolista Miguel Ángel Brindisi, Altamira y su equipo lograron un particular apoyo a partir de sus ingeniosos avisos publicitarios electorales a través de Internet. Es conocido como conferencista frecuente en diferentes foros y universidades del exterior, como la Universidad de San Pablo y la de Barcelona.
Además de ser un hombre experimentado en política, es políglota: habla francés, inglés, italiano y portugués. Actualmente es director del periódico semanal Prensa Obrera y de la revista teórica En defensa del marxismo, ambos editados por el PO, y se destaca como escritor prolífico, con varios libros y folletos publicados, entre los que se destacan: La estrategia de la izquierda en la Argentina (1989), El Argentinazo. El presente como historia. (2002) y No fue un martes negro más (2010).
Casado con Julieta Sytar, tiene un hijo y tres hermanos, quienes también son militantes de su agrupación política.
Al igual que su padre, un dirigente sindical de los trabajadores gráficos, el político no titubea cuando asegura que está siempre “al lado de los oprimidos”. Miembros del PO lo reconocen como el líder moral del partido, y sostienen que se destaca principalmente por sus ideas, además agregan que siempre está dispuesto a conversar, formar y aconsejar a los jóvenes para que formen cuadros y tomen la dirección del partido.
A diferencia de muchos políticos, Altamira alquila un departamento, no tiene propiedades y ni guardaespaldas, ya que su objetivo es vivir una vida “normal, como cualquier ciudadano”, pero dedicándose a lo que le apasiona: la política.
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