
Por Pablo Huerta
Desde 1927 la revista semanal estadounidense TIME (Today Information Means Everything) elige a las personas que tuvieron más impacto en las noticias durante el año. En 2006, una tapa sorprendió a todos y cada uno de sus lectores: los elegidos eran ellos. En la portada se veía una computadora Mac cuya pantalla era de un material espejo, de modo que se refleje la persona, con la palabra “you” (tú) sobreimpresa. Veinticuatro años después de que el personaje del año fuera la computadora personal, en 1982, se consolidaba la informática “dos punto cero”.
Web logs (blogs), para escribir sobre temas de interés; Flickr, para compartir fotos; Wikipedia, para compilar el saber universal; Youtube, para compartir videos; Facebook, para contactarse con personas, y Twitter, para compartir pensamientos en 140 caracteres, son las principales herramientas que ofrece este nuevo universo digital forjado por cada uno de los internautas.
Este medio de comunicación, que le da poder a los usuarios, es aprovechado por la política como un canal de difusión, debate y construcción partidaria por parte de militantes y simpatizantes. Nace la propaganda 2.0.
Esta herramienta, no solo es utilizada por los grandes partidos (ver recuadro), sino también por las voces que necesitan ser oídas y que a todo pulmón gestan exitosas campañas. Tal es el caso del Frente de Izquierda en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) que contribuyó a que Jorge Altamira, candidato a presidente, tenga su lugar en la votación del 23 de octubre.
Marcelo Ramal, candidato a legislador por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, comentó al respecto: “La nuestra [la 2.0] es una militancia muy activa, cuya virtud es la espontaneidad. No tenemos la estructura ni el capital de otros partidos políticos, pero hay mucha voluntad en los jóvenes, que hacen un trabajo artesanal. Sin contar con un equipo de profesionales en medios, hemos logrado penetrar en redes sociales como Twitter, Facebook y Youtube. Incluso el spot publicitario no estuvo armado por una agencia privada, sino que nació de la creatividad y el esfuerzo de quienes trabajan en el Frente de Izquierda. Es, a diferencia del resto, una campaña menos orquestada”.
Al no contar con gente paga que “postea” –sube material informativo a la red- se valen del imaginario colectivo de su agrupación, para el que armaron un espacio creativo audiovisual. El resultado es fresco, sin corset. Quienes participan de los spots publicitarios, por ejemplo, son estudiantes del IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte), de la agrupación de teatro de Morena Cantero, e incluso se vio a la abuela de uno de los militantes.
Con espacios vedados o limitados en los medios tradicionales, la militancia 2.0 les permite suplir esa carencia. Del tiempo en aire recuperan grabaciones y placas, a las que agregan información y retransmiten. Y si en los medios gráficos los recortan o tergiversan, ahora pueden aclarar mediante correos electrónicos, Facebook y Twitter.
“Como con las nuevas herramientas la juventud la tiene mucho más clara, se hace más fácil”, dice Adriana Rabey, encargada de prensa del Frente de Izquierda. Y agrega: “También nos sirve para la convocatoria. Y nos permite llegar a personas que de otro modo no llegaríamos; incluso famosos, como Ernestina Pais, Mario Pergolini, Ciro Pertusi, los muchachos de Kapanga o Brenda Asnicar -cuyo hermano milita-, que tiene miles de seguidores en Twitter a quienes les reenvía nuestras propuestas. Es un medio veloz y reciente, donde se liberan. No existe un editor en Facebook y dicen lo que no les dejarían decir por televisión”.
Con el lema “Un milagro para Altamira” el Frente se potenció para sortear el primer obstáculo electoral: las PASO, a las que considera injustas y antidemocráticas. Aquel 14 de agosto se podía ver en el bunker de Venezuela 818, Capital Federal, a un Jorge Altamira visiblemente emocionado, que reconocía “una victoria histórica”. Detrás se hallaba el trabajo militante de hormiga, que cual marabunta invadió todos los espectros comunicacionales, incluso el codificado binariamente. Una docena de publicidades se difundieron a través de YouTube, y dos hashtags (etiquetas) se popularizaron en Twitter: “#unmilagroparaaltamira” y “#disimulandolaveda”, que impulsados por los periodistas Jorge Rial y Gustavo Sylvestre rápidamente se convirtieron en trendings topics -temas de moda en la red-, y que muchos reenviaron a sus contactos por simpatía, aunque no fueran del partido.
Otro elemento que destaca Rabey es que la política 2.0 les ayudó a desmitificar la imagen de que el partidario de izquierda es “un tipo con un pañuelo que le tapa el rostro y un palo en la mano”. Además explica: “El militante es muchas veces una persona culta que analiza la realidad, que tiene otro punto de vista que lo cimentó superando falencias en el sistema educativo tradicional. Los mitos se construyen porque lo medios forman opinión. Hay un monólogo. Si hay una marcha, el titular es la obstaculización del tránsito, no el objeto de la movilización”.
En el Frente de Izquierda no existe el límite entre militante 1.0 o 2.0, ni de cualquier otro tipo. No hay un fordismo aplicado, sólo convicción y entusiasmo. Lo mismo que plasmaron durante décadas en comités, charlas y el “boca en boca”, ahora lo pueden transmitir exponencialmente a través de la red de redes, curiosamente el espacio más “zurdo” que existe en la actualidad.
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