martes, 18 de octubre de 2011

El radicalismo: un partido de alianzas y divisiones

Por María Eugenia Stamm y Ariel Goldfarb

El radicalismo es conocido históricamente como una fuerza de transformación política y social basada en la disciplina. Sin embargo, es un partido que se caracterizó no solo por sus divisiones sino por no completar sus mandatos presidenciales, tales son los casos de Hipólito Yrigoyen, Arturo Frondizi y Arturo Humberto Illia que fueron derrocados por golpes militares. Por otro lado, Raúl Alfonsín debió abandonar por obligación su cargo como presidente, a causa de la crisis hiperinflacionaria de 1989, mientras que Fernando De la Rúa renunció por la crisis social del 2001.

El 2 de julio de 1891, Leandro Alem constituyó la Unión Cívica Radical (UCR) tras la ruptura de la Unión Cívica (UC) debido al pacto que acordaron Bartolome Mitre, candidato a presidente, y Julio Argentino Roca, líder del Partido Autonomista Nacional (PAN). La nefasta relación entre Alem y su sobrino Hipólito Yrigoyen fue el comienzo de la primera división interna que sufriría el radicalismo. En 1893, la UCR fue protagonista de dos levantamientos armados: el primero en la provincia de Buenos Aires y el segundo en la ciudad santafecina de Rosario. En esta última, el gobierno nacional envió a un poderoso Ejército levantado en armas y luego de dos días de combate, la UCR fue derrotada. Tiempo después, cansado de los fracasos y las divisiones internas, Leandro Alem se suicidó.

Cuatro años más tarde de que se sancionara la Ley Saenz Peña, que establecía el voto secreto y obligatorio, Hipólito Yrigoyen fue electo como el primer presidente de la Unión Cívica Radical y, de esta manera, se iniciaría un largo ciclo de gobiernos radicales. La serie de catorce años consecutivos fue interrumpida por el primer golpe de Estado de 1930, al mando de José Felix Uriburu.

Con la llegada de Juan Domingo Perón en 1946, el radicalismo se convirtió en un partido de doble faceta: poseía un simbolismo propio y a su vez, se caracterizaba por ser el principal opositor al gobierno peronista. "El radicalismo pierde la base popular que lo representaba y queda como el sector opositor minoritario. A partir de ese momento nace la antinomia peronistas-radicales", explica Oscar Castellucci, profesor titular de Identidad, Sociedad y Estado en Argentina y Latinoamérica de la Universidad de La Plata.

En 1955, tras el derrocamiento del General Perón y su prescripción, el Comité Nacional nombró como candidato por la UCR a Arturo Frondizi para poder presionar al gobierno de facto. Pese a la decisión unánime, algunos sectores del Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR) exigieron recurrir al voto de los afiliados y conformaron la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) de Ricardo Balbín que se quiere aliar con el gobierno dictatorial, lo que significaría la división más importante del partido. A su vez, con un importante apoyo juvenil, Frondizi crea la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI).

Dentro del radicalismo se recuerda el conocido pacto escrito de Perón y Frondizi en 1958, que contó con los masivos votos peronistas y que permitieron el amplio triunfo del UCRI ante el candidato por la UCRP. Pese a la derrota presidencial, Ricardo Balbín obtuvo la mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Nación. Años más tarde, luego del gobierno de facto que derrocó a Frondizi, una nueva elección tenía como protagonistas a los radicales. Arturo Illia, representante de la UCRP, que le ganó a Oscar Alende, candidato por la UCRI, tanto a nivel nacional como provincial pero también fue derrocado por la dictadura de Juan Carlos Onganía.
La nueva aparición del radicalismo tuvo lugar en las elecciones presidenciales de 1983 luego de la más sangrienta dictadura militar en el país y la derrota en las Islas Malvinas. Con más del 50 por ciento de los votos, el triunfo de Raúl Alfonsín significó el retorno de la democracia y la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que tuvo como labor documentar los casos de violaciones de derechos humanos para llevar a cabo el juicio a las juntas militares. Sin embargo, el fantasma del terrorismo de Estado continuó circulando y el gobierno de Alfonsín estuvo permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas que no aceptaban los enjuiciamientos de la CONADEP.

Durante el gobierno militar, la deuda externa creció un 600 por cierto y el aparato productivo había quebrado. Ante esta situación, Alfonsín decidió crear una nueva moneda, el Austral, para congelar los precios de la economía. Sin embargo, la inflación creció y alcanzo el record histórico del 47,3 por ciento. Debido a la presión de los sindicatos y los grupos económicos, el Jefe de Estado adelantó las elecciones presidenciales en un país en que la pobreza alcanzó a un cuarto de la población.

En los años '90, el radicalismo tuvo una vez más diferencias internas. Mientras Ricardo Alfonsín negociaba con Carlos Menem el famoso Pacto de Olivos, que aprobaba la reelección, la UCR sufría un impacto negativo debido a que en las elecciones de 1995 sacaron el porcentaje más bajo, siendo relegada por primera vez en la historia al tercer lugar en una elección presidencial. Como ocurrió a lo largo de la historia, el radicalismo conformó una alianza con el FREPASO que llevó a Fernando de la Rúa a ganar las elecciones de 1999 con el 48,5 por ciento de los votos. De esta manera, llegaría al poder el último presidente radical que, al igual que Alfonsín, tendría que abandonar su cargo antes de tiempo por las crisis económicas y sociales que atravesaba el país.

A fines del año 2000, un sector de políticos respaldados por De la Rúa formó una alianza electoral llamada Argentinos por una República de Iguales (ARI). Como sucedió a lo largo de la historia radical, la Alianza ARI también cambiaría de nombre en reiteradas ocasiones producto de las rupturas. Finalmente, el 2 de octubre de 2009 el Congreso Nacional del partido Afirmación para una República Igualitaria, creado por Elisa Carrió, decidió cambiar el nombre oficial del partido por Coalición Cívica ARI.

Si bien las jornadas populares de 2001-2002 marcarían el final de los partidos políticos tradicionales, tanto de la UCR como del Peronismo tradicional, las divisiones y las alianzas con otras fuerzas no desaparecieron. En la actualidad, el radicalismo está representado por la Unión para el Desarrollo Social (UDESO) liderado por Ricardo Alfonsín, hijo de Raúl Alfonsín, que se desprende de la UCR y de la Coalición Cívica (CC) con Elisa Carrió al frente. "Los radicales perdieron relación con las bases históricas como las de Hipólito Yrigoyen. Siempre se caracterizaron por no encontrar el rumbo como oposición y esta vez no es la excepción", explica Fabián Kovacic, periodista y docente universitario.

Un partido político que lleva el nombre de "El padre de la democracia" por la sanción de la Ley Sáenz Peña, pero que se ha olvidado de su historia e ideología. La muerte de su conductor, Raúl Alfonsín, no solo significó un gran problema para el radicalismo sino que la incorporación de figuras de derecha relacionadas a la época del menemismo contribuyó para que el kircherismo se sitúe en el sector centro-izquierda y termine de desplazar al radicalismo por completo.

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