martes, 18 de octubre de 2011

El hijo de la democracia


Por María Eugenia Stamm

Los hijos de figuras célebres suelen tomar otros caminos a los de sus padres para evitar comparaciones, pero Ricardo Alfonsín escogió caminar por la misma vereda con la suerte de poder superar a quien acostumbra mencionar con el apellido en vez de llamarlo "padre".

Con una sombra que lo acompaña desde el principio de su carrera política en 1993, Ricardo demuestra la capacidad de labor que mantiene como herencia familiar. Nacido en Chascomús hace 59 años, es el tercer hijo de seis del ex presidente Raúl Alfonsín y de Lorenza Barreneche. Se recibió de maestro y vivió en La Plata para cursar la carrera de abogacía que finalizó en la Universidad de Buenos Aires. Durante sus estudios, aprovechó para asistir a los ciclos populares donde pasaban hasta tres películas seguidas por día. "Richard", como le dicen desde chico en su lugar natal, no tenía la posibilidad de acceder a las películas más famosas del momento ante la falta de cines en Chascomús. Sin embargo, falló en el intento de estudiar en el Instituto de Arte Cinematográfico.

Sus allegados lo definen como un tipo común más allá de que sea político. Con gestos efusivos y un estilo clonado de su padre en la tarima de los actos de campaña, Ricardo mantiene la meta de recuperar la Unión Cívica Radical (UCR). Sus días comienzan a las seis de la mañana y terminan poco antes de volver a levantarse. Entre la infancia y la adolescencia, se sintió atraído por el culto, por la lectura que hoy en día disfruta mientras se sienta en el sillón de su progenitor.

La sombra paterna no sólo convive en la política o en su parecido físico, empezó hace un tiempo a usar trajes, camisas y algunos zapatos de su padre como otra forma de sentirse cerca. Ricardo Alfonsín recibió una de las principales herencias: una biblioteca con casi diez mil ejemplares, ordenados por autor y tema. Muchos de los libros tienen anotaciones del ex presidente que descansan en una oficina que tiene un significado especial para la familia.

No esconde nada, dice lo que piensa. Como digno hijo de su padre, tiene hábitos cotidianos como la siesta, el rechazo por la actividad física, el gusto por la comida y la simpatía deportiva por el Club Atlético Independiente. También reconoce la admiración por la inteligencia y su adicción por el cigarrillo, que ha dejado en varias oportunidades.

La pérdida de su hija Ampardo, de 15 años, en un absurdo accidente que sufrió en el Colegio Jesús María, lo apartó de la política durante tres años, pero tiempo después falleció su padre y su imagen pública, se convirtió en el referente más importante del radicalismo.

A pesar de que todavía no ha logrado ocupar el lugar del "padre de la democracia" a la hora de aconsejar en la toma de decisiones difíciles, Ricardo Alfonsín disfruta de las vueltas de la vida. El segundo lugar que le consendió una parte de la población en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias le permiten soñar con ocupar el mismo sillón que su padre en 1983. Algo que jamás imaginó, pero que sin embargo anhela.

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